Elyna y Vera se miraron por un instante, como si compartieran un pensamiento secreto, y luego, casi al mismo tiempo, sonrieron con complicidad.
—¡Es muy bonita! —exclamó Vera, evaluando a Alegra de arriba abajo sin ningún disimulo—. Más bonita que esa mujercita… ¡es perfecta!
Elyna asintió lentamente, con una sonrisa satisfecha que comenzaba a iluminarle el rostro. Había algo en Alegra que le transmitía confianza, una mezcla de dulzura e inocencia que contrastaba completamente con la imagen que