Marius
Los sollozos me perforan el corazón como un pedernal. Ella llora, al fin, pero no por agradecimiento. Por la fatiga de haber soportado todo. Por la indignación de haber comprado la destrucción de alguien en lugar de enfrentar la verdad.
Ella continúa, cada palabra una cuchillada:
— Estoy sola, Marius. Sola. Y no puedo más.
La sala se ha convertido en una arena. Nuestras respiraciones golpean contra las paredes. Observo sus manos, finas, temblorosas, sobre un vientre que he fallado. Un vie