Su cabello era hermoso, sus ojos de un color atrapante pero siendo honesta el respeto hacia ella radicaba en su poder, era la luna de la manada y prometida del Rey Alfa. Prometida por elección, no porque la Diosa luna lo haya obligado al respecto y eso de alguna manera valía algo.
—Entonces tú eres la mosquita muerta que ha estado merodeando alrededor de mi hombre.
Mi ceño se frunció ante su acusación y retrocedí un paso mientras ella se despegaba del árbol en el que me esperaba y se acercaba