Luego del entrenamiento me debatí entre sí debía ir al despacho del Rey si o no. Había sido una orden, si, pero las circunstancias en la que ambos nos encontrábamos me exentaba de algunas demandas o al menos eso quería creer yo. Pero ambos sabíamos lo que éramos para el otro aunque ninguno se dignara directamente a confesarlo.
Una vez lista salí del lugar y como si la Diosa Luna me hubiese enviado su decisión; Alex se acercó a mi y miró a todos lados antes de inclinarse a decirme algo.
—Sé qu