El crujido de la madera fue casi imperceptible, pero lo sentí. Mis sentidos no dormían, nunca lo hacían del todo, especialmente ahora.
Me incorporé en silencio desde el colchón improvisado en el que descansaba Ava. Su respiración era tranquila, y su rostro relajado por primera vez en días. Se acurrucaba en su manta como si temiera que alguien se la quitara. Me quedé observándola por un instante más, grabándome cada detalle. Luego me levanté con cautela, sin hacer ruido, y salí por la puerta tra