Había algo en la noche que me oprimía el pecho. Aunque el fuego seguía encendido y Cael dormía a mi lado, mi mente no lograba encontrar descanso. Cerraba los ojos, pero cada parpadeo me traía fragmentos oscuros, sensaciones que no podía entender del todo… hasta que el sueño me atrapó con la fuerza de una pesadilla.
Estaba encadenada.
Lo supe por el dolor que quemaba mis muñecas y tobillos. Plata.
La habitación era fría, húmeda, con paredes de piedra cubiertas de moho. No era la cabaña. No era e