La cabaña crujía con cada cambio de temperatura, como si respirara con nosotros. Era una construcción sencilla, hecha para sobrevivir, no para el confort. Pero con ella dentro, ese lugar frío empezaba a sentirse como algo que nunca había tenido: hogar.
Y sin embargo, el silencio entre nosotros era tan denso como el bosque que nos rodeaba.
Me desperté antes que ella. No porque no estuviera cansado, sino porque no podía permitirme bajar la guardia. Las pesadillas de Ava me habían dejado en alerta