Cruzar el límite norte no era cualquier cosa. Lo sabía. Lo habíamos escuchado toda la vida: esas tierras no responden a las leyes del sur, no respetan pactos ni sangre de Alfa. Aún así, ahí estaba yo, mirando la bruma espesa que marcaba el final de nuestro mundo y el comienzo de algo que ni siquiera el Consejo se atrevía a nombrar del todo.
Y Ava… ya había cruzado.
Su rastro seguía fresco, aunque debilitado. Pero lo reconocería entre mil. Esa mezcla salvaje de bosque, luna y fuego. Mi pecho ar