Alfa Ava
—¡Otra vez!
Isabela giró con gracia, lanzando una patada que apenas alcancé a bloquear. Mi respiración era agitada, el sudor pegaba mi cabello plateado a la frente, y sentía los músculos arder.
—¿Cómo puedes moverte así después de tres horas? —me quejé, jadeando, mientras me agachaba con las manos en las rodillas.
Isabela se rio suavemente, sacudiendo su cabello oscuro.
—Es cuestión de práctica. Y de no estar pensando tanto en tus problemas mientras peleas.
Me fulminó con la mirada, c