El edificio de apartamentos era moderno, discreto y olía a limpio, a flores frescas en el recibidor y a café de especialidad. Nada que ver con los almacenes abandonados o las mansiones fortaleza que habían dominado mi vida reciente. Me senté en la sala de espera minimalista, con las manos sobre el bolso, tratando de recordar cómo se sentía ser la Dra. Montalbán, solo una médica más.
Llevaba un traje pantalón color arena y una blusa de seda sencilla. Elegante pero accesible. Profesional pero cál