El sonido de las olas me acompañó toda la noche, una banda sonora onírica y perturbadora. Soñé que caminaba por la playa, pero la arena era tan blanda que me hundía hasta las rodillas con cada paso, mientras una figura oscura me observaba desde lo alto de la duna, inmóvil, expectante. No me llamaba, no me amenazaba. Solo observaba. Y yo, en el sueño, seguía caminando hacia un mar que nunca se acercaba.
Desperté con el auricular todavía en la oreja, el sonido del mar ahora mezclado con el suave