El amanecer encontró la oficina de Clara en un silencio cargado de significado. Los restos de su intimidad violenta y catártica habían sido ordenados, pero la energía en el aire permanecía densa, impregnada de la resolución forjada en la piel y el sudor de la noche anterior. No era el fin de algo, sino la calma tensa que precede a un nuevo comienzo.
Félix, ya vestido con su armadura habitual de traje impecable, observaba desde la ventana como los primeros rayos de sol acariciaban los jardines f