La puerta de la Sala de Juegos se cerró con un clic sordo y definitivo, aislando el mundo exterior. El aire dentro era quieto, cargado de memorias y de la promesa de lo por venir. Clara permanecía de pie cerca de la entrada, su respiración ya levemente acelerada, mientras Félix recorría el perímetro de la habitación con la lentitud de un tigre inspeccionando su territorio recuperado. Su silueta, proyectada por la luz tenue y ambienta, parecía haber recuperado toda su amplitud y poderío, la debi