El zumbido del contenedor desapareció, absorbido por el silencio plomizo del búnker. Clara permaneció sentada en el suelo frío, la mejilla apoyada contra la pared de acero, como si pudiera sentir a través del metal el latido del corazón de Félix en el piso de arriba. Anya se había puesto en pie, su delgado cuerpo tenso como un arco, escuchando. Doce minutos. Ese era el tiempo que tendría Félix antes de que Gael perdiera el bloqueo. Doce minutos para convertir una suite médica en un campo de bat