La suite médica se convirtió en mi santuario y mi celda. Durante horas después de que Santoro se marchara, permanecí sentada en la silla giratoria, mirando la pantalla de la tablet. Los casos médicos que mostraba eran un imán irresistible para mi cerebro entrenado. Un politraumatismo con una hemorragia interna compleja. Una herida de bala con un trayecto extraño cerca de la columna. Un posible caso de envenenamiento por una toxina rara. Eran acertijos. Rompecabezas vitales que clamaban por una