La luz del amanecer que había iluminado la conversación con Isabella parecía pertenecer a otro mundo, a otra vida. En el presente, un presente gris y lluvioso, Clara se encontraba de nuevo en la sala de control, junto a Félix, Gael y Rojas. El aire olía a café cargado y tensión contenida. En la pantalla central, dividida en varios cuadros, se veían imágenes en tiempo real de la vida de Darío.
Allí estaba, en su apartamento de clase media, bebiendo café frente a la televisión, ajeno al ojo digit