Félix no perdió tiempo en sentimentalismos. La rendición de Clara fue aceptada como un hecho estratégico, un nuevo parámetro en el campo de batalla que ahora era su vida. Su mano en el brazo de ella no era un gesto de consuelo, sino de posesión y guía.
—Kael —ordenó, sin apartar los ojos de Clara—. Ubica a Liam. Quiero saber dónde está ese insecto antes de que se esconda en alguna cloaca.
Kael, aún con la pistola apuntando a Rossi, asintió. —Cuando activaron el protocolo de nivel 5, las cámaras