Ivette Russell
Caminé de un lado a otro, como si de un león enjaulado se tratase. Estaba ansiosa, pero no por el hecho de que Julius estuviera a solas con Clarissa, sino, porque quería encarar a mi esposo.
¿Cómo pudo hacer una cosa así de baja?
¡Me prometió que la dejaría en paz!
—Ivette. —Jul me asustó, apareciendo de repente en mi pequeño despacho.
—¿Puedes entender la gravedad de todo esto? —Llevé ambas manos a mi cadera.
—Lo lamento. —El nudo de su garganta subió y bajó—. Jamás quise involu