René Chapman
Regresar a la casa, tras un largo día en la oficina y encontrar una escena como la de hace un momento, en verdad resultaba molesto para mí.
—¿Se presentó en la oficina? —Sus cejas se arquearon.
—Estaba fuera de sí. Gritó, pataleó y destrozó toda mi oficina.
—Oh, por Dios. —Llevó una mano a su boca—. ¿Qué harás al respecto?
—Contactaré a su abuelo, supongo. Una persona en su estado, no debería andar por ahí sin supervisión.
—Y, ¿Tú estás bien? —Me examinó—. Claro, físicamente.
—Si —