René Chapman
¿Qué clase de hombre sería si no me apiado al menos un poco del dolor de la futura madre de mi hijo?
—Santos cielos, René… esto es preciosos —dijo maravillada, explorando cada extremo de la cabaña, aun con la bebé en brazos—. Pero, ¿No es un poco peligroso estar en un lugar tan recóndito, nosotros solos?
—¿Peligroso para quién? —Mi traidora mirada reparó en sus labios por mucho más tiempo del que me hubiese gustado reconocer.
—Apenas acaban de dar el fallo del divorcio. —Su voz baj