René Chapman
Estaba completamente cegado por el dolor, la ira y la desesperación. ¿Cómo pudo ser capaz de ocultarme una cosa así, después de todo el amor que me profesó?
Entré a mi despacho, hecho un energúmeno. Aventé al pido, todo cuanto estuvo a mi alcance y hasta ahora, no me había podido importar menos el corte de mi brazo.
¡Incluso estuve a punto de echar por la borda el cariño de mi abuelo!
Una mujer como ella, no se merece ni una pizca de mi dolor, ni mi sufrimiento.
Rebusqué en el int