POV de Santiago
“Cierren el ala norte. Coloquen dos hombres en cada escalera. Nadie entra ni sale sin mi orden”.
Mi voz salió áspera, como si hubiera estado gritando durante horas. Tal vez lo había hecho. Ya no podía distinguirlo. La guerra había terminado, pero el ruido en mi cabeza no. Los gritos seguían resonando en mis oídos. El acero seguía chocando detrás de mis ojos.
“Sí, mi príncipe”, respondió el capitán, exhausto, con la sangre marcándole la frente.
“Muévete”, dije. “Ahora”.
Los solda