POV de Elena
El vínculo se tensó con violencia en mi pecho mucho antes de que sonaran las campanas de alarma.
No era dolor exactamente—era más bien una conciencia repentina y brutal, un tirón con garras que se enroscó alrededor de mis costillas y apretó hasta que mi respiración se cortó. Me quedé inmóvil a mitad del pasillo, los dedos cerrándose contra la palma mientras el suelo parecía inclinarse bajo mis pies.
Lucía.
Algo había cambiado.
La casa de la manada estaba inquietantemente silenciosa, ese tipo de silencio que presiona los oídos y hace que cada instinto grite. Las antorchas a lo largo de las paredes parpadeaban con una luz baja, estirando sombras que se retorcían como si estuvieran vivas. Inhalé despacio, obligando a mi corazón a estabilizarse, pero el vínculo no se aflojó. Si acaso, palpitó con más fuerza, frenético, irregular.
Peligro.
Giré con brusquedad y me moví, mis botas golpeando la piedra mientras seguía el tirón. Cada paso alimentaba la tensión que se enroscaba den