Santiago POV
La sentí antes de verla, ese tirón agudo e instintivo en el pecho se tensó con fuerza en el mismo instante en que entré al pasillo, como si algo muy dentro de mí hubiera sido arrancado sin previo aviso. Era el vínculo—crudo, frenético, gritándome que Lucía no estaba bien. Que estaba sufriendo. Que se estaba quebrando.
Me moví sin pensar.
La puerta de su habitación estaba entreabierta, la luz tenue derramándose hacia el corredor, y entonces lo oí: su respiración irregular, superficial y rota. Mi corazón golpeó violentamente contra mis costillas.
Empujé la puerta justo cuando sus rodillas cedieron.
—Lucía.
Crucé la habitación en tres zancadas, atrapando su codo antes de que pudiera desplomarse hacia adelante. Estaba temblando—no, sacudiéndose—y cuando la toqué, la magnitud de todo me golpeó de lleno. Se sentía frágil. Demasiado ligera. Como si se hubiera estado sosteniendo únicamente con fuerza de voluntad y, al final, esta se hubiera quebrado.
—Con cuidado —dije, mantenien