Abigail pasó la mano por el rostro de su hijo mientras él dormía tranquilo. Observó los dibujos que había hecho incluso antes de dormir.
Y por primera vez en mucho tiempo, Gabriel había dibujado a los tres. No solo a ella y a él, también había dibujado a Rafael.
Ella puso la mano en su corazón. Su hijo era un niño de muy buen corazón. Y ella, en el fondo sabía que iba a reconocer a Rafael muy pronto.
Y no solo lo reconocería si no se ganaría su amor tan fácil, como si nunca hubieran estado le