Rafael parpadeo unas cuantas veces, eso había sido peor que una puñalada.
Abigail limpió las lágrimas que salieron rodando por sus mejillas.
Las cosas eran realmente difíciles, y la culpa que sentía, no la dejaría vivir tranquila por el resto de su vida. Había hecho las cosas mal y ahora su hijo tenía que pagar las consecuencias.
Rafael le dio una sonrisa llena de calidez a ella. Una sonrisa con la que le daba esa seguridad que en ese momento necesitaba.
—Tu tío Max, no está. Él salió porq