El pasillo que llevaba al despacho de los López estaba tan silencioso que cada paso de Yaniel sonaba como un golpe seco contra el mármol.
Ziara, desde la terraza, alcanzó a ver cómo la tensión se le marcaba en los hombros antes de que su padre lo arrastrara a la reunión cerrada.
Ella se quedó allí, con la manta apretada, sintiendo que algo serio estaba a punto de ocurrir...Y no se equivocaba.
—Siéntate —ordenó el señor López apenas cerró la puerta.
Yaniel no se sentó.
—Si vas a hablar de los Mo