Ziara despertó antes de que sonara la alarma,no porque hubiera dormido mal, sino porque su cuerpo había entrado en ese estado de vigilia ligera que precede a los días importantes. No decisivos —eso vendría después—, pero sí determinantes.
La habitación estaba en penumbra la ciudad aún no había terminado de desperezarse,durante unos segundos permaneció inmóvil, observando el techo, escuchando su propia respiración,no había ansiedad tampoco expectación exagerada...Había disposición.
Se levantó de