El aeropuerto no la recibió con estruendo ni con nostalgia no hubo música interna ni recuerdos desbordados solo un flujo constante de personas que avanzaban con prisa, arrastrando maletas y urgencias que no tenían nada que ver con ella.
Ziara caminó entre ellos con paso firme, sintiendo el suelo bajo sus pies como si necesitara confirmar algo básico, físico: estaba allí de verdad no como la mujer que se fue, sino como la que regresaba sin pedir explicaciones.
El aire tenía un matiz distinto más