La puerta del despacho se cerró con un golpe seco detrás de Yaniel.
Ziara se quedó inmóvil, con la espalda recta, intentando controlar la respiración después del enfrentamiento que acababan de tener. La sensación de haber sido aplastada por él seguía oprimiéndole el pecho, pero no tenía fuerzas para discutir más. Ni con él… ni consigo misma.
Abajo, la casa seguía en silencio.
Antes de que pudiera recomponerse, escuchó pasos rápidos atravesando el pasillo.
Era su madre adoptiva.
—Yaniel debe irs