Pareciera que dios hubiera esuchado que quería ser «pobre» y «morir de hambre» porque luego de irme de las oficinas centrales de MYo Multinacional empezó una lluvia torrencial qué se asemejaba bastante al diluvio universal, mi pobre casita se inundó y esos días se me dificultó muchísimo ir a vender, nadie iba a la playa ni caminaba por las avenidas comerciales. Tuve que aguantarme el frío, la humedad, la soledad y el silencio... Esperando que el sol volviera, prometí que apenas dejara de llover