XXXII

Se me llenaron los ojos de lágrimas qué no tardaron en ser derramadas, él me miró sorprendido yo normalmente no mostraba mis sentimientos ante nadie menos a Alexander. Sentía que era alguien que no merecía verme en ese estado de fragilidad, sin embargo ya había pasado por demasiado, no podía aguantar más heridas emocionales.

—Basta ya, estoy cansada ya no aguanto más—sollozé—estuve en la cárcel varios meses mientras tu te divertías con mi hermana y jugabas al buen papá, salí a trabajar duram
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