XXXVIII
La vida cada vez era más caótica, estaba desesperada a más no poder; ya habían programado la cesárea. Además el cuarto de mi hija estaba listo, pintado de rosa con cientos de peluches de ese mismo color, muñecas, bebés de plástico, repisas con adornos de ángeles, princesas, animalitos y demás. Alexander había ido con Tamyria y el bebé Zett a conseguirle una cuna, un coche y ropa de niña... Fue doloroso ver esa imagen, de ellos pareciendo una familia feliz algo que hasta el momento yo no había po