XLIII

Sentí que el mundo se me caía a pedazos, aunque no la odiaba del todo comencé a creer que la tortura que estaba recibiendo no era algo malo sino más bien un acto de justicia divina porque su maldad no tenía límites y esa mujer conjunto a mi padre biológico tenían bien ganados sus puestos en el infierno. Alexander tuvo que irse, mi amigo lo necesitaba, estaba totalmente destrozado entendí que un sicario les había disparado cuando estaban distraídos, iban caminando por la Avenida del Comercio, to
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