XCII

Mi mente se había perdido por el dolor y la vergüenza. Adriano me había dejado resguardada en la oscuridad, no me visitaba, no me daba agua ni comida. Mi cuerpo ya no tenía fuerzas para pelear, para gritar, siquiera para moverse, estaba completamente rota debilitada a más no poder por la falta de sol y nutrientes esenciales, era un despojo de ser humano, lo único que quedaba de la mujer poderosa que alguna vez fui era una sombra. Ahora era un maniquí quebrado, mancillado, alguien totalmente dev
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