Alexander y Tamyria se fueron de luna de miel y tanto la casa como mi corazón se sintieron vacíos. Yo estaba ahí, cuidando de los niños, como si mi única utilidad fuera servirlos. Lo acepté sin más con calma y sin prisa, sin esperar un cambio positivo, un milagro. Así era la derrota, no me quedaba más que continuar con mi vida.
Claro que no pude evitar hacerme daño y espiar sus redes sociales, estaban en el paraíso tropical: playas de arena blanca, agua cristalina, palmeras reverdecientes y