El resentimiento se diseminó en una pena basta como el océano pacífico, pero ni aún así quise ceder: ya había perdido todo lo que amaba, ya no tenía nada a que aferrarme. Alexander había sido el causante de mi felicidad y también quien me la había arrebatado.
Darren y yo nos fuimos de la ciudad, dejamos a los Yasdian encargados de Alexander lo retendrían diez días más luego exigirían un rescate exagerado y le quitarían una buena parte de sus bienes económicos.
Se supondría que veríamos a mi mad