CXVI

El resentimiento se diseminó en una pena basta como el océano pacífico, pero ni aún así quise ceder: ya había perdido todo lo que amaba, ya no tenía nada a que aferrarme. Alexander había sido el causante de mi felicidad y también quien me la había arrebatado.

Darren y yo nos fuimos de la ciudad, dejamos a los Yasdian encargados de Alexander lo retendrían diez días más luego exigirían un rescate exagerado y le quitarían una buena parte de sus bienes económicos.

Se supondría que veríamos a mi mad
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