Pasamos a la habitación del lujoso hotel: paredes blancas, alfombras esponjosas, una cama king rodeada de cortinas de seda color marfil, un jacuzzi privado y todo adornado con pulcritud y elegancia.
Nos bañamos por separado, estaba sumamente nerviosa, aquel encuentro para mí tenía un fin transaccional que jamás le diría a Darren en voz alta: pagar con mi cuerpo todos los favores que él me había hecho, tenía claro que no era suficiente y qué el merecía algo invaluable pero en este momento mi c