Las noches de trabajo se hicieron una costumbre. La oficina, el estrés, la acumulación de responsabilidades… todo era parte del precio que debía pagar para tener la vida que quería.
Sin embargo, noté que Firenze estaba cada vez más distante. Su mirada buscaba la mía con una insistencia distinta, como si esperara encontrar en mí una respuesta a algo que yo aún no entendía.
Hasta que, una noche, sus ojos se posaron en los míos con la resolución de quien ha tomado una decisión.
—Te han visto con o