Eleanor no dejaba de admirarse en el espejo de cuerpo completo, una y otra vez le sonreía a su reflejo, era la primera vez que tenía un objeto así, por lo que estaba maravillada.
—Fue un buen regalo de su majestad, ¿verdad, señorita? — comentó Alcira, mientras la contemplaba desde atrás.
—Claro. — contestó la joven y se alejó del espejo. El comentario le hizo volver a recordar que Astor había mandado a colocar ese espejo es su habitación, “otro detalle” pensó.
La sirvienta se asomó por la venta