—Eso es imposible porque ella está casada conmigo, por ley es mi esposa. — respondió, elevando la voz y sintiendo como la sangre comenzaba a hervirle.
Emmett lo encaró completamente esperando alguna respuesta, la cual nunca llegó, Astor no tenía nada más que decir, las cosas estaban hechas y no había vuelta atrás.
—¿No tienes nada que decir? —apresuró el menor, sintiéndose traicionado.
—No vine a pedir tu consentimiento, Emmett, si eso es lo que piensas. — le dijo con total tranquilidad, al mis