Finalmente, con un grito desgarrador, Irene logró alertar a Publius Caesar, quien ya regresaba hacia ella.
El asesino estuvo a punto de apuñalarle el corazón, pero desde la distancia Publius Caesar lanzó una daga tan pequeña como letal. La figura enmascarada cayó sobre el suelo, desangrandose en el proceso.
Irene corrió frenéticamente hacia el Publius Caesar, su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho mientras buscaba desesperadamente refugio y ayuda. La adrenalina seguía bombeando por s