El gran salón del palacio imperial estaba lleno de expectación cuando el emperador subió al estrado para dirigirse a su corte. Todos los presentes, desde los nobles más altos hasta los sirvientes más humildes, se habían congregado para escuchar sus palabras.
El emperador contempló a su audiencia con solemnidad antes de continuar su anuncio.
—¡Honorables cortesanos y leales súbditos del imperio! Ha llegado el momento de demostrar la fuerza y la destreza de nuestros hombres más valientes. Por el