Sin embargo, en medio del caos y la confusión, Publius actuó con rapidez. Con reflejos felinos, se lanzó hacia adelante y agarró la mano de Irene en un movimiento desesperado. Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor de los de ella, su agarre firme y seguro mientras la detenía en su caída hacia la oscuridad.
Un suspiro de alivio se escapó de los labios de la multitud cuando vieron a Publius atrapar a Irene, evitando que se estrellara contra las rocas del abismo. Sus corazones latían con fuerz