—Tengo que ir a la oficina. Te daré un día libre. Puedes descansar hoy —dijo Lorenzo.
—No, puedo ir a trabajar.
—¿Aún tienes suficiente energía para trabajar? —preguntó el hombre en tono juguetón.
Celeste se ruborizó de repente. En realidad, le dolían las piernas y también se sentía muy agotada y adolorida por todo el cuerpo.
—Sé buena. Descansa hoy —dijo Lorenzo mientras le entregaba un tubo de pomada —. Aquí tienes.
—¿Qué es?
Ella prestó atención a las letras en inglés impresas en el embalaje