Capítulo 48
—Tengo que ir a la oficina. Te daré un día libre. Puedes descansar hoy —dijo Lorenzo.

—No, puedo ir a trabajar.

—¿Aún tienes suficiente energía para trabajar? —preguntó el hombre en tono juguetón.

Celeste se ruborizó de repente. En realidad, le dolían las piernas y también se sentía muy agotada y adolorida por todo el cuerpo.

—Sé buena. Descansa hoy —dijo Lorenzo mientras le entregaba un tubo de pomada —. Aquí tienes.

—¿Qué es?

Ella prestó atención a las letras en inglés impresas en el embalaje
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Imelda Aguirreaaucch tenía que aparecer este perro, nooo
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