Él la besaba con una ferocidad salvaje.
Desde la puerta, Miranda y Andrés observaban la escena, atónitos.
Miranda fue la primera en moverse, intentando correr hacia Celeste, pero Andrés la detuvo, cerrando la puerta de un portazo.
—¡Andrés, apártate! —gritó ella, furiosa.
Andrés bloqueaba la entrada, firme.
—Lo viste, Miranda. El señor Vargas está actuando diferente. Ya no está destruyendo cosas. Celeste lo calma de alguna forma. Sabes cómo es Lorenzo. No te dejo entrar por tu propio bien.
Antes