Celeste no podía ni imaginar lo impactante que sería ver a una mujer enfundada en la camisa de un hombre. Sin embargo, su estómago estaba vacío y esa delicada mujer ya carecía de fuerzas. Tener hambre solo empeoraría su experiencia en el proceso.
—Vamos, vamos a comer primero —dijo Lorenzo mientras la abrazaba y la guiaba hacia el comedor.
Lorenzo no tenía casi utensilios básicos en su casa. Su cocina era más una mera decoración. Andrés había enviado varios platillos empacados desde un hotel de