Desde su posición, solo podía ver su perfil: su rostro pálido y tenso, como el de una bestia al borde del colapso.
Era la primera vez que lo veía así, y un nudo de angustia se formó en su pecho.
¡Bam!
Lorenzo agarró una silla y la lanzó con violencia.
Por un segundo, Celeste quedó inmóvil, mirando cómo la silla volaba hacia ella. Reaccionó tarde y gritó:
—¡Ahhh!
¡Bam!
La silla se estrelló contra la puerta a su lado, sin llegar a golpearla.
Su grito, sin embargo, atrajo la atención de Lorenzo. Él