Aun así, él no tenía pruebas concluyentes.
Lorenzo, con sus oscuros ojos llenos de frialdad, la miró con desprecio:
—Si Celeste vuelve a estar en peligro y estás cerca, no dudaré en hacerte pagar. Y te aseguro que nunca encontrarás el corazón que necesitas para ese trasplante.
Con esas palabras, dio media vuelta y subió al auto sin darle más importancia.
Andrés cerró la puerta tras él, y en pocos segundos, el vehículo arrancó y desapareció de la vista.
Viviana se quedó allí, mordiéndose los labi