Esas palabras fueron tan tajantes que dejaron a Manuel incómodo, pero sabía que con Lorenzo no había espacio para discusiones.
—Claro, claro, Señor Vargas. Todo ha sido gracias a Celeste. Nosotros solo hemos tenido la suerte de estar bajo su protección —dijo Manuel, riendo nerviosamente.
Viviana sintió un escalofrío recorrerle la espalda bajo la intensidad de su mirada, pero intentó mantener la compostura.
—Cuñado, todos queremos lo mejor para ustedes. Yo solo deseo que tú y mi hermana sigan bie